Legado by Christopher Paolini

Legado by Christopher Paolini

autor:Christopher Paolini
La lengua: es
Format: mobi, epub
Tags: Aventura, Fantasia
editor: eBook's Xibalba
publicado: 2013-07-13T07:00:00+00:00


Volando a lomos de un dragón

Eragon levantó la cabeza, respiró hondo y sintió que sus preocupaciones se volvían menores.

Cabalgar a lomos de un dragón no era ningún descanso, pero la proximidad con Saphira les resultaba tranquilizadora a ambos. El simple placer del contacto físico les reconfortaba como pocas cosas podían hacerlo. Por otra parte, el sonido y el movimiento constante de sus alas ayudaban a apartar la mente de los lúgubres pensamientos que le acechaban.

A pesar de la urgencia de su viaje y de lo precario de las circunstancias en general, Eragon agradecía estar lejos de los vardenos. El reciente baño de sangre le había dejado la sensación de que ya no era el mismo.

Desde que había vuelto con los vardenos, en Feinster, se había pasado la mayor parte del tiempo combatiendo o a la espera de hacerlo, y la tensión estaba empezando a desgastarle, especialmente tras la violencia y el horror de la lucha en Dras-Leona. Por cuenta de los vardenos había matado a cientos de soldados —de los que pocos habían podido presentarle la mínima batalla—, y aunque sus acciones estaban justificadas, los recuerdos le inquietaban. No quería que cada combate fuera desesperado y que cada rival fuera de un nivel igual o superior a él, por supuesto, pero tampoco podía evitar sentirse más como un carnicero que como un guerrero cuando mataba a tantos tan fácilmente. Había llegado a pensar que la muerte era algo corrosivo, y que cuanto más la rondaba, más le quitaba parte de su ser.

No obstante, estar solo con Saphira —y con Glaedr, aunque el dragón dorado se había mostrado hermético desde su partida— le ayudaba a recuperar cierta sensación de normalidad. Se sentía más cómodo cuando estaba solo o en grupos pequeños, y prefería no pasar mucho tiempo en pueblos o ciudades, ni siquiera en un campamento como el de los vardenos. A diferencia de la mayoría de las personas, no le tenía aversión ni miedo al entorno natural; por agreste o desolado que fuera aquel territorio, poseía una elegancia y una belleza muy superior a cualquier artificio, y él sentía que le ayudaba a recuperarse.

Así que dejó que el vuelo de Saphira le distrajera, y durante la mayor parte del día no hizo nada más que contemplar el paisaje.

Desde el campamento de los vardenos, a orillas del lago Leona, Saphira atravesó la gran extensión de agua y luego viró al noroeste y ascendió tanto que Eragon tuvo que usar un hechizo para protegerse del frío.

El lago parecía una superficie hecha de retales, con un aspecto brillante en las zonas donde el ángulo de las olas reflejaba la luz solar hacia Saphira, y apagado y gris donde no brillaba la luz. Eragon nunca se cansaba de contemplar los cambiantes patrones de luz; no había nada igual en el mundo.

A menudo veía halcones pescadores, grullas, gansos, patos, estorninos y otras aves volando por debajo de ellos. La mayoría hacía caso omiso de Saphira, pero algunos de los halcones ascendieron en espiral y los acompañaron un rato, más curiosos que asustados.



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